
Pero otra cosa muy distinta es lo que hizo el jequecillo, un sujeto sanguinario y torturador que fue evidenciado hace poco cuando se hizo público un vídeo de la cadena estadounidense ABC que le muestra torturando a un comerciante afgano de cereales al que acusa de haberle engañado. En el vídeo se ve como este juniorete dispara un arma automática alrededor del hombre, le llena la boca de arena, lo sodomiza con una picana eléctrica, le prende fuego y derrama sal sobre sus heridas sangrantes.

Pero como no iba a salir así el hijo de un sujeto tan prepotente como el sheik que fundó los Emiratos Árabes, promotor de Dubai como un paraíso de nuevos ricos, lugar excesivo inundado de lujo y petrodólares. Ya en alguna ocasión comentamos en este blog el delirante y grosero despilfarro al que se han dedicado los sheiks para presumir de su riqueza. Es cierto que han levantado una impresionante ciudad "en medio del puto desierto, cabrón" con algunas construcciones verdaderamente interesantes y muchas otras del dudoso mal gusto tan característico del "novoriquismo". El colmo de tanta ostentación se vivió hace poco, cuando pese a las ingentes dificultades económicas que padece el Emirato como resultado de la crisis financiera internacional, los sheiks inauguraron el metro sin conductor más largo del mundo (el cual y cuenta, también, con la estación subterránea más grande del mundo). Fue inaugurada en la muy propiciatoria fecha del 9 del 9 del 09. El sheik utilizó para la ocasión un boleto personalizado y plastificado que le presentaron en una bandeja de plata para subir al primer vagón (lujosísimo).
Y es que el sheik no le gusta andarse con chiquitas ni iba a permitir que sus proyectos faraónicos se detuvieran por culpa de detallitos como una severa crisis internacional. Me lo puedo imaginar perfectamente bien decir, en árabe evidentemente, algo como: " La crisis mama, el metro se hace porque se hace cabrón". Así que el metro se hizo y lo primero que declaró al terminar de inaugurarlo fue "Y vamos a seguir con más proyectotes". Dubai ya tiene la torre más alta del mundo, las islas artificiales más grandes, los centros comerciales más importantes y lujosos de Medio Oriente y quiso dotarse del tren sin conductor más largo, a pesar de que la mayoría de la población se traslada en automóvil aprovechando el bajísimo costo del combutible. Pero una capital del lujo no podría dejar de tener un metro a su imagen y semejanza, con vagones de primera clase, así como otros reservados a las mujeres y los niños, y estaciones con locales comerciales de lujo.
El costo de juguetito fue de 7,600 millones de dólares. A ver si la prepotencia de los sheiks no acaba en desastre. Despreciar a la crisis financiera de forma tan olímpica es un error. Según los economistas Dubai no tiene reservas petroleras significativas, por lo que le apostó fuerte al negocio inmobiliario. Según estimaciones de The Economist, unos 400 proyectos inmobiliarios de un valor estimado en 300,000 millones de dólares fueron congelados o suspendidos en los Emiratos Árabes Unidos. Pero sigan de prepotentes, anden.

El otro enfant terrible es Aníbal Gaddafi, cuyo papi acaba de cumplir 40 años al frente de su desdichado país. En el largo historial de noches conflictivas de Anibal figura una en que fue detenido por unos gendarmes en París por conducir su Porsche por los Campos Elíseos a más de 140 kilómetros por hora, en dirección contraria y borracho. Un tipejo sin duda, pero no deja de darme algo de Shadefreude las repercucuiciones de un grave escándalo que tuvo lugar en la antpatica suiza. Hace poco más de un año en una lujosa suite del hotel Presidente Wilson la policía detuvo al animal de Aníbal y a su esposa por haber madreado cruelmente a dos de sus empleados domésticos. Los sirvientes denunciaron cortes, quemaduras, golpes en la cara con la hebilla metálica de un cinturón y amenazas de muerte. Tras pasar una noche en prisión y pagar una fianza de más de 300,000 euros, el joven descarriado y sra. fueron liberados. Pero una humillación de esta magnitud contra el gran líder de la Revolución Verde no se iba a quedar así. Además, Muammar es un padre muy consentidor. Cuatro días más tarde del incidente ginebrino, dos hombres de negocios suizos eran detenidos en Libia bajo la acusación de "infracción a las leyes de extranjería". Tras pasar por una celda atestada de presos y en condiciones higiénicas deplorables, se les permitió refugiarse en la Embajada de Suiza en Trípoli el 29 de julio de 2008. Allí siguen hasta hoy. Esta medida fue seguida de cortes en el suministro de petróleo y la retirada de fondos libios depositados en bancos suizos.
El pasado 20 de agosto, Hans Rudolf Merz, presidente de la Confederación Helvética, efectuó un arriesgado, humillante viaje a Trípoli con la esperanza de repatriar a los rehenes. Merz debió ceder en toda la línea y arrodillarse ante los libios pidiendo perdón por el arresto de Aníbal. Pese a ello el mandatario suizo a regresar a su país con las manos vacías. Un hecho sin precedentes en la historia de una de las democracias más antiguas del mundo. Ningún otro Estado hubiera aceptado tal grado de humillación por una causa tan nimia, pero que es fehaciente prueba del doloroso y merecido aislamiento internacional en el que se encuentra Suiza, una nación a la que ningún país viene a ayudar en momentos de crisis. Lo merecen por mamones. A ver si aprenden y entienden de una vez que urge su ingreso en la Unión Europea.
Por cierto que Gadafi tiene otras ideas de qué hacer con la antipática Suiza. Lejos de olvidar el agravio contra su tierno bodoque, en su agenda en Naciones Unidas se encuentra la propuesta de desmantelar Suiza y repartir sus regiones lingüísticas entre "sus verdaderos dueños alemanes y franceses". Gadafi digo muchas barrabasadas antier en Nueva York, pero esta última propuesta no me parece nada mal.












